Napster – El verdugo de la industria musical

Con la entrada de Napster en 1999, se dio un giro radical a la industria musical, puesto que se puso a disposición de todos los consumidores “una nueva forma de obtener el producto que querían -independientemente de su legalidad-” (Carmen Cano Morales, 2007), eliminando las barreras de intermediación entre los usuarios y el producto final. Mientras tradicionalmente el precio de un disco en el mercado rondaba los 14 dólares, a través de la plataforma era tan solo el costo de la conexión a internet durante el tiempo que tomaba la descarga del disco en formato digital.

Para marzo del año 2000, el número de usuarios registrados en la plataforma ascendió a 20 millones y representaba pérdidas en niveles de ventas de la cadena tradicional del 8% (Suskind, 2014) (Goldman, 2010). Las empresas tradicionales en la categoría no se habían enfrentado a un competidor de este tipo y tuvieron como primera reacción combatirla desde la legalidad con el apoyo de la RIAA –asociación de casas disqueras de américa por sus siglas en inglés-. Sin embargo, esto solo marco el inicio del lanzamiento de nuevas plataformas con promesas de valor semejantes a las de Napster, como Audiogalaxy o Kazaa (Brando, 2016). El paso del tiempo marcó un historial de pérdidas en los niveles de ingresos para la cadena tradicional, que hasta el 2009 ascendía a 8.3 billones –14.6 billones de dólares en 1999 vs. 6.3 billones de dólares en 2009-.

Con la entrada de esta prima plataforma,  no sólo se vio afectado el “mercado musical y audiovisual sino que ha supuesto unos cambios sociales tan importantes que los poderes políticos y legales han tenido que tomar cartas en el asunto para intentar devolver el sistema dinámico de su actual estado caótico a uno estable” (Carmen Cano Morales, 2007).