¿Manipulan nuestros deseos como consumidores?

Cuándo entregamos nuestros datos personales en relaciones comerciales, no se espera que la información recopilada afecte nuestra opinión de compra e influencie la  toma de  decisiones en contra de las propias necesidades y apelando al incontrol de los deseos. No obstante, esto ocurre frecuentemente en el mercado.

En el libro de los premios Nobel de Economía George Akerloft y Robert Shiller La Economía de la Manipulación los autores plantean que la manipulación permanece presente en  la realidad de la economía diaria, poniendo de manifiesto un concepto que va en contra de la inocencia con la que cada día miles de personas se enfrentan a decisiones económicas, porque ese equilibrio manipulativo lleva a la explotación de necesidades y  si hay una oportunidad alguien se aprovechará de ello.

La pregunta sería ¿Qué línea delimita al mercadeo relacional como una estrategia encaminada a la satisfacción de un deseo y no a la afectación de un bienestar?  Ya lo diría también Frederick Reichhedl, en su libro Loyalty Rules “Parece que la fidelización ha sido reducida a un popurrí de truquitos y adornos de marketing diseñados para manipular al consumidor con sobornos baratos” .

Sabemos que la sociedad baila la danza del mercado, con todas las notas musicales que se componen para la oferta y la demanda, mientras alguien programa la música correcta para inducir a ese tentador baile y los bailarines  quienes desconocen –incluso convenientemente- las reglas, se entregan a la cadencia de los pasos. Este factor sobre el desconocimiento del juego manipulativo es una inocencia por una parte involuntaria, pero en muchos casos concedida, lo que hace que sea un factor inevitable cuando se enfrenta al mercado. Así, sin mucha resistencia, los consumidores se han entregado al paraíso de la personalización de productos, de la oferta hecha a la medida, de  las marcas que conocen con precisión los deseos. Sin embargo ¿hasta qué punto es visto como una oportunidad para  mejorar el servicio hacia el consumidor y hasta qué punto una estrategia enfocada en el negocio a través de la información de los datos personales donde los clientes son un medio generador de dinero y no un fin en sí mismo?

En este punto el desafío sería entonces ¿Cómo hacer una relación duradera con clientes que cada vez se desapegan más de los compromisos? O ¿estamos frente a nuevo significado de relaciones donde el compromiso es más con productos y servicios que con nuestro prójimo? Sin duda, No se puede obviar la importancia de las personas en las nuevas formas de hacer mercadeo.